viernes 23 de julio de 2010

ENGANCHADA


Después de muchos años volví al mar, volví a ver el mismo océano. El impulso me arrastró. Era un cálido mes de diciembre, un invierno de cielo añil. Aquel rumor… magnífico estruendo en armonía con la playa enorme, infinita. Probé el tacto de la inmensidad salobre, batida por el viento suave. Me desnudé, corrí huyendo de mis ropas, la orilla estaba muy lejos, finalmente en la zambullida, las olas recogieron mi cuerpo. Sumergí lentamente la cabeza, el agua resbaló por el cabello, la cara, la boca salada. Aprisionada por el frío, éste penetró por cada uno de mis miembros, en mi piel. El pecho estalló, devolviéndome a través de la garganta, a través de la lengua, la libertad insensible al frío. Me vestí, y la soledad se calzó sobre mis pies mojados. Recordaba aquel mismo océano que se abría inconmensurable, azul y luminoso al rebasar el cambio de rasante sobre la cima de la carretera, los ojos y el cuerpo entero descendían se lanzaban con gran vértigo sobre un paisaje, solo de cielo y mar. Y la luz al crepitar del chisporroteo sobre las olas, me hacia entrecerrar los ojos. La superficie de celofán gigante envolvía el profundo suspiro de aquel océano.

El grupo situado a lo lejos, se quedó atónito, observó de pie, silencioso e inmóvil, sus ojos temblaron y finalmente miraron a otra parte. Unas chicas sentadas sobre la arena, al pasar junto a ellas, me sonrieron. Arrastré aquellas sonrisas a través de una soledad de días inmensos y lúgubres, durante años del pasado y del futuro. Solo el desierto rompió la barrera. Había explotado el silencio. La noche anterior, éste me envolvió bajo la cúpula estrellada del cielo. Perdí la noción de la perspectiva, mis ojos nacieron de nuevo y todo había estado antes, el tiempo se paró en un gran bucle que apenas me rozó, suave, lento como una caricia, bailé en un gesto progresando al infinito como un gran giro en la inmovilidad hasta encontrarme antes de nacer en el agua profunda del tiempo. Giré y giré sin moverme, dentro de la primera nota de las Gymnopedias de Satie.

¡Qué revelación! ¡Vaya por Dios! Por primera vez supe que estaba enganchada al café, al café con leche, harta del té con menta, harta de no ver una mujer por las calles o en los bares, en las casas estaban aparte, se las oía y no se las veía, harta de no hablar con ellas; en los campos, sonreían tímidas y alegres y los niños con ellas. El paisaje de una belleza monstruosa, se apoderó de mí por dentro, todo el rato, todo el tiempo. Continué allí sentada sobre la sencilla terraza de café, sin café, con la playa a mis espaldas y la risa lejanas de mis compañeros. Estaba dejando atrás los espacios vacíos, vacíos de mí y en este punto, un deseo inaguantable de tomar café. ¡Qué manera más tonta de revelarse mi cuerpo! Habíamos atravesado gargantas, oasis y pasado la noche en el desierto. Yo solo quería café.

3 comentarios:

~Vero~ dijo...

Ojala podamos hablar un día,
no me comentes en el blog,
respondeme a mi msn si keres

vcll_94@hotmail.com

nos estamos hablando besos
agregame

:( dijo...

Pues no destiñas...
(o lo que es lo mismo, no dejes de escribir...)

LessAMOUR ✿ܓ dijo...

¡¡Muy bueno!!
felicidades reina♣

http://lessamour.blogspot.com